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El cráter oculto de Ames y la extinción del Devónico

Una nueva datación acerca el impacto de Oklahoma a una gran crisis marina, aunque todavía no establece una relación causal.
10 oct 20267 min readCiencia
Ilustración conceptual de un corte del subsuelo de Oklahoma, con un cráter enterrado bajo capas sedimentarias y una elevación central.

El cráter de Ames, enterrado bajo Oklahoma, podría ser mucho más joven de lo que se creía. Una investigación difundida por la Universidad de Texas en Austin el 28 de septiembre de 2026 propone situarlo hace unos 370 millones de años, cerca de una de las grandes extinciones marinas. La novedad es una revisión de su cronología; la conexión con el desastre biológico sigue siendo una hipótesis. La universidad explica el hallazgo.

La pregunta decisiva es si un impacto pudo contribuir a la crisis del Devónico tardío. Para responder hacen falta dos pruebas diferentes: establecer cuándo ocurrió el choque y demostrar qué efectos tuvo sobre los ecosistemas. Acercar las fechas ayuda a investigar esa posibilidad, pero no permite atribuirle por sí solo una extinción global.

Qué es el cráter de Ames y por qué está oculto

Ames es una estructura de impacto con elevación central y un borde exterior de unos 14–16 kilómetros de diámetro, según el estudio publicado en Meteoritics & Planetary Science. Ese diámetro corresponde al cráter, no al objeto que lo formó.

Las capas sedimentarias lo ocultan bajo la superficie. La Universidad de Texas destaca que la estructura también constituye un yacimiento de petróleo y gas: su interés económico y su valor para reconstruir el pasado geológico conviven en el mismo lugar. No se trata de un cráter recién aparecido en el paisaje, sino de una reinterpretación de su historia. Contexto de la investigación.

La imagen de cabecera es una ilustración conceptual generada por IA. Representa la idea de un cráter enterrado; no es una fotografía, una medición geofísica ni un corte geológico a escala. Su desplazamiento lateral y los efectos de luz y partículas son recursos visuales decorativos.

Por qué cambió la edad atribuida al impacto

Ilustración de cristales translúcidos en una roca oscura, junto a una representación abstracta de una estructura cristalina.
Ilustración conceptual generada por IA: pequeños cristales como los circones ayudan a estudiar la edad de las rocas. No muestra las muestras de Ames ni una estructura cristalina medida; los tamaños y brillos son recursos artísticos.

La edad ordovícica tradicional se apoyaba en fósiles de conodontos, animales marinos cuyos elementos dentales ayudan a reconocer intervalos geológicos. La explicación divulgada por la universidad plantea que esos restos pudieron ser anteriores al choque y quedar mezclados durante el impacto. Los circones analizados en las rocas aportan una señal más joven, que desplazaría Ames desde unos 467 millones de años hasta el Devónico tardío. Explicación del equipo.

El trabajo, publicado inicialmente el 7 de julio de 2026, obtuvo una media de 369,7 ± 5,9 millones de años para los circones más jóvenes mediante datación uranio-plomo. También examinó sus microestructuras. Los autores consideran la señal devónica compatible con un episodio de alta temperatura como el impacto, aunque no descartan completamente alteraciones posteriores asociadas a fluidos calientes. Artículo científico.

Por eso conviene conservar el margen de incertidumbre al comunicar el resultado. Redondear la edad a 370 millones de años facilita la lectura; borrar el «± 5,9» cambia lo que el dato permite concluir.

Cómo encaja con la extinción del Devónico tardío

Ilustración de un arrecife antiguo bajo aguas someras, con organismos de formas coralinas, conchas sobre el fondo y peces al fondo.
Recreación artística generada por IA de un ecosistema marino inspirado en el Devónico. Las formas, los colores y la distribución de los organismos son interpretativos; no reconstruye un sitio fósil concreto. La animación localizada de peces y organismos ramificados es un recurso artístico.

La crisis del límite Frasniense–Fameniense se sitúa alrededor de 372 millones de años. El estudio de Ames compara su resultado con calibraciones de aproximadamente 371,8–372,4 millones de años. Ambos intervalos se solapan, pero la datación disponible no resuelve una coincidencia exacta ni la secuencia de acontecimientos. Comparación cronológica del estudio.

Además, «extinción del Devónico tardío» reúne varias crisis. El Museo Sam Noble de la Universidad de Oklahoma distingue episodios separados y destaca la gravedad del final del Frasniense en ambientes tropicales, especialmente los arrecifes de mares someros. Corales, esponjas constructoras de arrecifes y braquiópodos asociados sufrieron pérdidas importantes. Síntesis del museo.

La distinción importa: relacionar Ames con una crisis concreta exige compararlo con ese episodio, no con cualquier extinción del período. Una etiqueta geológica amplia puede ocultar diferencias de millones de años.

Qué significa realmente la cifra del 40 %

Decir que desapareció «el 40 % de toda la vida marina» resulta impreciso. Los apuntes de paleontología de la Universidad de Maryland describen pérdidas de más del 40 % de los géneros marinos. Un género agrupa especies relacionadas: esa medida no equivale al porcentaje de individuos muertos ni al de biomasa perdida. Referencia universitaria.

Las estimaciones varían. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos ofrece, para el episodio crítico, cifras del 35 % de géneros y del 75 % de especies. También explica que gran parte del conocimiento sobre las grandes extinciones procede de invertebrados marinos con buenos registros fósiles. Son unidades y registros que deben identificarse al presentar cualquier porcentaje. Síntesis del NPS.

La formulación más útil es que la crisis eliminó una gran parte de la diversidad marina. El 40 % necesita una aclaración sobre qué se está contando; tampoco mide cuánto de aquella pérdida habría causado Ames.

Qué otras causas se investigan

La falta de oxígeno en los océanos, o anoxia, ocupa un lugar central en la investigación. Un estudio de 2023 en Communications Earth & Environment describe dos episodios de anoxia asociados a la crisis de Kellwasser y propone, mediante modelización biogeoquímica, que la expansión de las plantas terrestres favoreció el aporte de nutrientes al mar. Estudio sobre plantas y extinción marina.

El mecanismo propuesto conecta tierra y océano: más nutrientes pueden estimular la producción biológica; la descomposición de esa materia consume oxígeno y puede agravar las condiciones para los organismos marinos. Es una explicación que debe contrastarse con sedimentos y señales químicas, no una causa única ya establecida para todos los episodios. Modelo y evidencias discutidas.

También se estudian cambios climáticos, variaciones del nivel del mar y volcanismo. El NPS subraya que no existe evidencia firme de una única causa. Una revisión científica de 2026 defiende evaluar el volcanismo como desencadenante, pero reconoce debates sobre el alcance regional de algunas pruebas. Contexto del NPS y revisión sobre volcanismo.

Qué aporta Ames a la ciencia de los impactos

El caso invita a distinguir entre una fecha compatible y una explicación completa. Nuestra cobertura de Chicxulub y sus efectos ambientales permite explorar cómo se investigan los mecanismos posteriores a un impacto. Trasladarlos automáticamente a Ames ocultaría lo que todavía falta comprobar.

También encaja en el seguimiento de la ciencia de la Tierra: interpretar minerales, fósiles y sedimentos exige preguntar qué acontecimiento registra cada evidencia. La relación entre rocas extraterrestres y evolución del planeta aparece también en el artículo sobre meteoritos y el origen del agua terrestre. La sección de exploración espacial amplía el contexto de la investigación planetaria.

Como lectura editorial, el interés de Ames está en abrir una pregunta comprobable. Si una cronología revisada permite formular nuevas comparaciones entre cráteres y crisis biológicas, el resultado ya tiene valor científico, aunque futuras investigaciones reduzcan su posible papel en la extinción.

Qué mirar a partir de ahora

Para evaluar la hipótesis, estas serían las comprobaciones más útiles; no constituyen anuncios de trabajos ya programados:

  • Dataciones independientes de más muestras de Ames que reduzcan la incertidumbre y distingan el impacto de alteraciones posteriores.
  • Comparaciones precisas con las capas que registran el límite Frasniense–Fameniense.
  • Búsqueda de materiales expulsados por el choque en depósitos de edad compatible, fuera del cráter.
  • Modelos que evalúen qué perturbaciones ambientales podría producir un impacto de esta escala.
  • Contraste con las evidencias de anoxia, volcanismo y cambios climáticos para valorar una posible contribución.

La prueba más esclarecedora sería conectar el choque con una señal ambiental bien fechada y con efectos biológicos identificables. Hasta entonces, Ames ofrece una posible pieza de la historia del Devónico, con una relación causal todavía por resolver.

Fuentes