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Venezuela y Colombia: dos sismos, dos procesos distintos

El doblete superficial de Venezuela y el sismo profundo de Colombia muestran por qué la magnitud no basta para explicar cómo tiembla una región.
10 ago 20268 min readCiencia
Ilustración conceptual de una falla somera con dos focos sísmicos y una placa oceánica que desciende bajo una cordillera hasta un foco profundo

La diferencia está bajo la superficie

Los sismos Venezuela y Colombia de las últimas semanas fueron sentidos por muchísimas personas y activaron la misma pregunta: ¿están conectados? La respuesta responsable es que compartieron una región tectónicamente activa, pero no el mismo mecanismo ni la misma geometría de ruptura.

El 24 de junio, el catálogo revisado del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró dos terremotos grandes en el norte de Venezuela: uno de magnitud M 7.2 a las 22:04:31 UTC y otro de M 7.5 a las 22:05:03 UTC. Unos 32 segundos separaron los orígenes. Esa proximidad temporal y espacial es la razón para analizar la secuencia como un doblete: dos rupturas importantes, no simplemente una sacudida larga.

El 10 de agosto, USGS registró en Colombia un terremoto revisado de M 7.4, 5 km al sur de San José del Palmar, Chocó, a las 12:34:28 UTC. Su profundidad revisada fue de unos 110 km. Esa profundidad cambia el problema físico: el foco estuvo dentro de material que desciende bajo el continente, no cerca de la superficie como la segunda ruptura venezolana. Por eso se describe de forma provisional como un evento profundo intraslab o intraplaca, asociado a la placa de Nazca en subducción.

La magnitud mide el tamaño de la fuente, no cuenta por sí sola dónde ni cómo se repartió la energía. Comparar ambos casos exige mirar tiempo, profundidad, mecanismo focal y tectónica regional.

Venezuela: dos rupturas muy próximas en tiempo y lugar

En una secuencia sísmica, las etiquetas importan. Un evento pequeño anterior puede terminar llamado precursor; uno posterior y menor, réplica. Un doblete es diferente: el término se usa cuando dos terremotos relevantes ocurren muy cerca en tiempo y espacio y ambos tienen entidad propia para el análisis de la ruptura.

Los registros revisados de USGS sitúan el primer sismo a 20 km al este de San Felipe y el segundo a 17 km al oeste de Catia La Mar; ambos tienen una profundidad publicada de 10 km. Las localizaciones y profundidades de los catálogos pueden refinarse con más datos, pero la separación de unos 32 segundos permanece como el dato clave de la secuencia.

Llamar a este caso doblete no significa que una sola falla necesariamente se haya roto dos veces de manera idéntica. Para establecer la arquitectura completa hacen falta mecanismos focales, distribución de réplicas, modelos de ruptura y, cuando sea posible, mediciones geodésicas. Lo que sí permite afirmar el catálogo es que hubo dos fuentes sísmicas grandes prácticamente consecutivas.

La física que puede vincular dos rupturas es la transferencia de esfuerzos. Cuando una falla se desliza, no "vacía" la tensión de toda la región: la redistribuye. Algunas zonas cercanas pueden quedar menos cargadas y otras más favorecidas para romperse. Es una explicación mecánica, no una predicción. Un primer sismo no permite anunciar que habrá otro, pero justifica mantener la atención sobre la secuencia y sus réplicas.

Para profundizar en ese comportamiento, vale la pena revisar qué es un doblete sísmico. El caso venezolano también recuerda que las alertas y la evaluación de daños deben considerar una secuencia en evolución, no solo el primer pulso sentido.

Colombia: un foco profundo dentro de la placa que desciende

El caso colombiano parte de otra geometría. En el occidente de Sudamérica, la placa oceánica de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. A medida que ese bloque frío y rígido desciende, puede seguir generando terremotos en su interior. A esos eventos se les suele llamar de intraplaca profunda o intraslab: ocurren dentro de la losa subducida, no exactamente en el contacto entre las dos placas.

La profundidad revisada por USGS —110.3 km al momento de esta publicación— es consistente con ese ambiente. Conviene leer la clasificación como una interpretación tectónica que se afina con los análisis de las redes sismológicas, no como un diagnóstico final instantáneo. La profundidad local también puede diferir entre agencias por los modelos de velocidad, las estaciones disponibles y la fase de revisión del evento.

Un foco profundo cambia cómo se propagan las ondas. La energía inicia lejos de las construcciones, atraviesa más roca antes de llegar a la superficie y puede percibirse sobre un territorio muy amplio. Eso no vuelve al evento inofensivo: la intensidad real depende además de la distancia, el tipo de suelo, la vulnerabilidad de los edificios y las frecuencias de la sacudida. Pero ayuda a entender por qué un terremoto grande y profundo no produce el mismo patrón de daños que uno superficial de igual magnitud.

El registro de Colombia no implica que el sismo venezolano "viajara" hasta Chocó ni que ambos formen una misma cadena de fallas. La subducción de Nazca y las fallas activas del norte de Venezuela pertenecen a contextos tectónicos regionales distintos. Afirmar una conexión causal requeriría evidencia específica de transferencia de esfuerzos a esa escala; no basta con que los eventos hayan ocurrido cerca en el calendario.

Qué se puede comparar —y qué no

La comparación útil no es una competencia de magnitudes. Es una forma de leer distintas fuentes de peligro sísmico.

  • Número de rupturas: Venezuela registró dos eventos mayores separados por unos 32 segundos; Colombia, un evento principal profundo con su propia secuencia posterior.
  • Profundidad: ambos eventos venezolanos fueron catalogados a 10 km; Colombia, a unos 110 km por USGS en la revisión consultada.
  • Entorno tectónico: en Venezuela se analiza una secuencia de fallas corticales cercanas; en Colombia, una ruptura dentro de una losa en subducción.
  • Sacudida esperada: la magnitud no determina sola la intensidad. Un foco superficial puede concentrar la sacudida severa cerca de la ruptura; uno profundo puede sentirse a distancias mucho mayores.

Esa última diferencia es esencial para comunicar riesgo sin alarmismo. "Se sintió lejos" no demuestra por sí solo que el sismo haya sido más energético; describe cómo las ondas llegaron a cada lugar. Del mismo modo, una estimación inicial de magnitud, localización o profundidad no debe difundirse como definitiva cuando la agencia todavía la está revisando.

Satélites y sensores: cómo se reconstruye un terremoto

Los sismómetros son la primera herramienta para ubicar el origen y estimar la magnitud, pero no son la única. Las estaciones GNSS miden desplazamientos del terreno, mientras que el radar de apertura sintética desde satélite permite comparar la superficie antes y después de una ruptura. Esa técnica, conocida como InSAR, es especialmente útil para mapear deformación en eventos someros.

En un sismo profundo, la señal de deformación permanente en superficie puede ser menor o más difícil de resolver que en una falla superficial; aun así, la observación desde órbita complementa la respuesta: puede apoyar el mapeo de deslizamientos, cambios del terreno y daños en zonas de difícil acceso. Es un buen ejemplo de por qué la ciencia de la Tierra y la infraestructura espacial se necesitan mutuamente. El hub de Ciencia de la Tierra reúne más explicaciones sobre estos procesos y su observación.

El resultado final no llega en una sola alerta. Los catálogos, los mecanismos focales, los mapas de intensidad y los modelos de falla se actualizan en las horas y días posteriores. La mejor comunicación pública dice qué se sabe, quién lo midió y qué sigue bajo revisión.

Implicaciones para el riesgo sísmico regional

Venezuela y Colombia no necesitan ser parte de un mismo episodio para recordar una realidad compartida: ambas están dentro de una región donde interactúan placas, bloques y sistemas de fallas complejos. El riesgo no depende solamente de la geología. También depende de la calidad constructiva, el ordenamiento territorial, las rutas de evacuación, la preparación familiar y la información oficial disponible durante una emergencia.

Después de un sismo fuerte, la acción inmediata no cambia según el nombre tectónico del proceso: seguir las instrucciones de protección civil local, alejarse de estructuras dañadas y no volver a un edificio sin evaluación cuando hay señales de afectación. La explicación geológica sirve para entender el fenómeno y mejorar la preparación, no para reemplazar a los servicios de emergencia.

En lugares alejados de la ruptura, otra precaución es evitar convertir mapas de reportes ciudadanos en mapas de daños. Las plataformas de "¿lo sentiste?" son valiosas para medir percepción e intensidad, pero requieren verificación de campo para describir afectaciones estructurales.

Qué mirar a partir de ahora

  • Las actualizaciones de los catálogos de USGS y del Servicio Geológico Colombiano sobre magnitud, profundidad y réplicas.
  • Los mecanismos focales y soluciones de momento tensor, que ayudan a confirmar el tipo de falla o la ruptura dentro de la losa.
  • Los mapas ShakeMap e informes de intensidad, útiles para separar dónde se sintió un sismo de dónde produjo daños confirmados.
  • Las evaluaciones de deslizamientos y licuefacción tras los eventos superficiales, y los productos satelitales de deformación cuando estén disponibles.
  • Los comunicados de protección civil y autoridades locales, por encima de cadenas que atribuyan los sismos a una relación causal no demostrada.

Fuentes