Ciencia
Archivos OVNI del Pentágono: transparencia y misterio
Los registros públicos sobre FANI amplían el escrutinio, pero la evidencia verificable sigue siendo la medida decisiva.
¿Qué revelan los archivos OVNI del Pentágono?
Los archivos OVNI del Pentágono —hoy llamados con más precisión registros sobre FANI o UAP, por fenómenos anómalos no identificados— no confirman visitas extraterrestres. Lo que sí revelan es un cambio institucional: Estados Unidos reúne, clasifica, revisa y publica una parte mayor de la información sobre detecciones que no pudieron atribuirse de inmediato.
La respuesta corta a la pregunta que mueve el interés público es, por tanto, menos espectacular y más útil. Que un caso siga sin resolver significa que los datos disponibles no bastaron para identificarlo con confianza; no demuestra cuál es su origen. La tarea pendiente es convertir una observación ambigua en evidencia medible: conocer el sensor, su calibración, la posición, el tiempo, las condiciones atmosféricas y si existen mediciones independientes que coincidan.
El debate importa también para quienes siguen el cielo y el espacio. Satélites, globos, reentradas, reflejos y limitaciones de cámara pueden producir apariencias difíciles de interpretar. La cobertura de megaconstelaciones en órbita baja ayuda a poner una parte de ese contexto: hoy hay más objetos y más fuentes de brillo móvil sobre nuestras cabezas que hace unas décadas.
Del término OVNI a FANI: qué investiga AARO
OVNI describe algo no identificado por el observador; no describe su naturaleza. En Estados Unidos, el término administrativo más usado es UAP, que en español se traduce como FANI. La oficina del Departamento de Defensa encargada de centralizar el trabajo es la All-domain Anomaly Resolution Office (AARO). Su misión incluye detectar, identificar y atribuir objetos o fenómenos de interés en aire, mar, espacio, entornos transmedio y cerca de instalaciones militares, además de evaluar riesgos para las operaciones y la seguridad nacional.
Esa definición aclara dos confusiones frecuentes. Primero, un FANI no tiene por qué ser un objeto físico: puede ser una detección anómala cuya causa todavía no está clara. Segundo, «no identificado» es un estado provisional de una investigación, no una categoría de tecnología. La explicación final puede ser desde un globo o un dron hasta un artefacto de sensor, un fenómeno atmosférico o información insuficiente.
El informe anual publicado por el Departamento de Defensa y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional en noviembre de 2024 cubrió reportes recibidos entre el 1 de mayo de 2023 y el 1 de junio de 2024, además de casos anteriores ingresados después. AARO recibió 757 reportes en ese periodo: 485 se referían a incidentes de ese mismo intervalo y 272 a incidentes de 2021 y 2022 comunicados más tarde. El total de casos bajo revisión superaba 1,600 al 1 de junio de 2024. Ese volumen no equivale a 1,600 misterios de la misma calidad: los expedientes difieren mucho en datos, sensores y posibilidad de resolución.
Qué se ha publicado y qué no puede prometer la desclasificación
La publicación más citada de AARO es el primer volumen de su informe sobre el registro histórico de la participación del Gobierno de Estados Unidos en UAP, difundido en marzo de 2024. Para elaborarlo, la oficina informó que revisó esfuerzos oficiales desde 1945, archivos clasificados y no clasificados, realizó unas 30 entrevistas y trabajó con responsables de programas controlados y de acceso especial.
Su conclusión fue explícita: AARO no encontró evidencia verificable de que algún avistamiento representara actividad extraterrestre ni de que el Gobierno estadounidense o la industria privada hubieran tenido acceso a tecnología extraterrestre. Es un hallazgo de esa revisión documental e institucional; no es una prueba lógica de que toda posibilidad imaginable quede descartada. La formulación responsable es más estrecha: los materiales examinados no aportaron evidencia verificable para sostener esas afirmaciones.
La transparencia tiene un límite real. Parte de los datos procede de sensores militares o de inteligencia. Publicar una imagen, una telemetría completa o la respuesta de un radar puede revelar capacidades, cobertura o vulnerabilidades. NASA advierte precisamente que mucha información de esos sensores está clasificada por lo que la imagen revela sobre la tecnología estadounidense, no necesariamente por lo que aparezca en ella. Esa restricción dificulta la auditoría científica externa y, al mismo tiempo, explica por qué «desclasificar todo» no es una regla simple.
En 2025, AARO también publicó una nota sobre el proceso de desclasificación y nuevos materiales en su repositorio. Esa apertura mejora la posibilidad de contrastar narrativas con documentos, pero cada archivo debe leerse con cuidado: una fecha de liberación, un sello de clasificación retirado o una redacción parcial no convierten automáticamente su contenido en una conclusión técnica.
La colección de NARA: una transparencia que se construye por etapas
El Congreso ordenó mediante la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2024 la creación de la Unidentified Anomalous Phenomena Records Collection. La Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos (NARA) creó para ello el Record Group 615. Las agencias deben identificar los registros FANI bajo su custodia, preparar copias digitales y transferir los materiales divulgables al Archivo Nacional.
Esto es importante por razones históricas y democráticas. Centralizar los registros permite saber qué documentos existen, qué entidad los generó y bajo qué reglas se difiere su acceso. Sin embargo, NARA aclara que las transferencias se realizan de forma continua. Inicialmente, algunos documentos pueden estar disponibles en terminales públicas de College Park antes de llegar al catálogo en línea. La colección no es una publicación única ni una garantía de acceso instantáneo a todo expediente.
También existen bases legítimas para aplazar información: protección de inteligencia, fuentes y métodos, privacidad, seguridad o restricciones de clasificación. Por ello, la forma sensata de medir la transparencia no es contar cuántas páginas aparecen en línea, sino preguntar qué datos esenciales permiten verificar una afirmación, qué se ha omitido y por qué, y si una conclusión puede ser revisada cuando surjan mejores datos.
El estándar científico: datos antes que interpretación
El equipo independiente de estudio de FANI de NASA publicó su informe final el 14 de septiembre de 2023. Su mensaje central fue metodológico: las observaciones existentes rara vez fueron obtenidas con instrumentos diseñados y calibrados para estudiar estos fenómenos; además, a menudo faltan metadatos como tiempo exacto, ubicación, sensibilidad, exposición y características del sensor.
Por eso, un video llamativo puede ser insuficiente para estimar tamaño, distancia o velocidad. La perspectiva, el movimiento de la plataforma y el procesamiento de imagen pueden alterar la intuición visual. NASA señaló que, cuando los datos lo permiten, comportamientos aparentemente anómalos —como en el video conocido como «GoFast»— pueden explicarse por el movimiento del propio sensor. Esto no desacredita a quienes reportan algo extraño; describe el límite de una observación sin contexto instrumental completo.
Un programa mejor preparado debería conservar de forma estandarizada:
- datos sin procesar y una cadena de custodia clara;
- metadatos completos del sensor y su calibración;
- mediciones simultáneas de varias fuentes independientes;
- información meteorológica, astronómica y de tráfico aéreo o espacial;
- métodos y criterios de resolución que otros analistas puedan evaluar.
Es una lógica familiar en la astronomía: una imagen aislada puede abrir una pregunta, pero la ciencia gana fuerza al combinar instrumentos, fechas, calibraciones y análisis que otros equipos pueden comprobar. Para los fenómenos que cruzan aire y órbita, también conviene observar cómo evoluciona la infraestructura espacial y sus riesgos, como explicamos en por qué una guerra espacial no tendría fronteras.
Contexto e implicaciones
La nueva etapa no consiste en cambiar «misterio» por «certeza», sino en elevar el estándar de lo que cuenta como respuesta. Para la seguridad aérea y militar, un objeto no atribuido merece atención incluso si termina siendo ordinario: puede afectar operaciones, revelar una incursión o señalar una falla de sensor. Para la ciencia, la prioridad es crear datos comparables y disponibles en la mayor medida compatible con la seguridad.
Para el público, la distinción protege dos valores a la vez. Evita convertir toda incertidumbre en una afirmación extraordinaria y evita usar la falta de una explicación inmediata como excusa para ocultar información que sí puede divulgarse. Transparencia no es especulación; es trazabilidad. Y el misterio legítimo no es una respuesta final: es una invitación a medir mejor.
Qué mirar a partir de ahora
- Nuevos informes anuales de AARO y si detallan cómo se resolvieron casos concretos.
- Incorporaciones al Record Group 615 de NARA y las razones formales de cualquier aplazamiento de acceso.
- Publicaciones de AARO sobre atribuciones específicas, como globos, drones, satélites o efectos ópticos.
- Estándares para conservar metadatos y datos multisensor en reportes de aviación y defensa.
- Avances civiles que permitan observar de forma más sistemática el cielo, un campo conectado con la exploración espacial y la seguridad de las operaciones.
Fuentes
- Departamento de Defensa de EE. UU. — Informe anual sobre UAP, 14 de noviembre de 2024
- AARO — Report on the Historical Record of U.S. Government Involvement with UAP, Volumen I
- AARO — UAP Records and Information Papers
- NARA — Preguntas frecuentes sobre la colección de registros UAP
- NARA — Calendario de registros UAP de AARO, aprobado el 20 de agosto de 2025
- NASA — UAP Independent Study Team Final Report
- NASA Science — UAP